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10 años en DaVinci

10 años en DaVinci

En estos días se están cumpliendo 10 años de mi ingreso -como alumno de Diseño Web- en la DaVinci.
Efectivamente, hace una década atrás no sabía de qué se trataba una variable, ni un algoritmo, ni habría imaginado que algún día estaría a cargo de un grupo de alumnos a quienes capacitar y retransmitir ese conocimiento adquirido.

Todo lo que hoy en día puedo darles a los grupos que tengo a cargo, es posible gracias al excelente plantel docente que me capacitó y transmitió su pasión por el desarrollo web (y -en algunos casos- por la docencia).
En el año y medio que duraba la carrera en aquél entonces tuve la dicha de tener como profesores a Natan Santolo, Claudio Caldareri, Atilio Pozzobón, Julio Casares, Juan Bellotti, Hernán Mammana, Lorena Mauriz, Federico Brugnera, Maximiliano Ramondino, Ariel Velaz, Fernando Rosetti y Nacho Alaniz.
A cada uno de ellos, les guardo un profundo respeto y afecto, todo lo que trataron de enseñarme no fue en vano.

Eramos otro tipo de alumnado; un grupo que se retroalimentaba entre risas y trabajos prácticos.
Laly, Ivana, Lisandro, Gaby, -por un semestre y cuarto- Priscila y yo sabíamos cómo potenciar lo que nos enseñaban... lógicamente la vida nos llevó por delante y cada uno siguió su camino.

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Es muy loco que solo 4 de nuestra camada llegó a recibirse, entre ellos otro de los grandes docentes que tiene la escuela -Fede Noto-, a quien hoy en día considero uno de mis pocos amigos que comparte el lugar de trabajo.

Gracias a Natan se me abrieron las primeras puertas de este universo, en dos ocasiones.
Primero llegó la oportunidad de trabajar como desarrollador web en Pymenta junto a Alex Litardo, Gonzalo Frery, Diego Mascarenhas y Elías Rivera.
Luego empecé a transitar la docencia como ayudante de cátedra en las materias del mismo Natan: él explicaba... yo eventualmente hacía los ejemplos. Después yo explicaba, y él corregía mis errores (ya no entrenamos así a los potenciales docentes, lamentablemente).
La primera comisión que tuve a cargo como docente stand-alone la llamábamos "comision Disney".

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Baena, Bertisch, Colace, Del Aguila, García Vera, Jattar, Mazzalors, MacGregor, Marchioli, Montuoto, Pinto (y seguro me olvido de muchos más... pero tampoco podemos esperar que mi memoria sea eterna!).
Nada me produce más felicidad que ver cómo mucho de ellos crecieron y se abrieron camino (sea o no en la web).
Nico y Lucas tuvieron la misma oportunidad que tuve yo, pasando por las aulas de Dv como profesores.

Tuve que dejar Pymenta cuando mis tareas dentro de la DaVinci empezaron a exigirme más tiempo del que tenía disponible.
Así fue cómo pasé por el área de desarrollo dentro del departamento de IT de la escuela con los mejores compañeros que pude conocer en ese entorno: Diego Pérez Brancato, Diego Satelier, Mario Ponce, Cristian Fabregat, Paco Santos, Nahuel Pighin y -esporádicamente- también con Lucas del Aguila.

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Lamenté haber tenido que dejar este grupo de trabajo por el capricho de un jefe de turno que no entendía mi forma de trabajar (hoy en día no lo culpo, me reconozco bastante atípico en mi manera de distribuir mi adicción al trabajo).

Haber coordinado la carerra de la que egresé también tuvo su cuota de placer, tratar de brindarle a los alumnos -dentro de mis limitadas capacidades- los mejores contenidos, talleres y soluciones era algo que me gustaba hacer. Desafortunadamente eso también tuvo un fin, irónicamente por un conflicto -ya de caracter personal- con la misma persona que me costó mi trabajo en IT.

Tampoco fue el fin del mundo, de todo podemos recuperarnos.
Esas dos pérdidas laborales fueron compensadas con más tiempo para mí; Para poder dedicarme a desarrollos propios y hobbies que tenía postergados.
No considero que las cosas pasen porque sí, solo para hacernos pasar un mal momento. Todo pasa por algo y (con el paso de los extraños eones) todo pasa.

Podemos teorizar y debatir durante horas si la docencia es un apostolado, respondiendo preguntas a las 3:00AM o pasando noches desvelado para llegar con los cierres de notas, pero no puedo quejarme de ésta década.
Sería ingrato hacerlo y no puedo entender a quienes viven en estado de enojo constante con este trabajo (si no estás dispuesto a dejar tu alma por lo que hacés, ¿para qué hacerlo?).
Tal vez ese sea el motivo por el cual no generé tanta empatía con algunos colegas y sí lo hice con el sector de preceptoría.
O quizás fue porque ellos son las primeras personas que veo cada vez que entro a dar otro micro-show.

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Como sea; Sara, Lili, Leo, Flor, Anita y Mimi -y antes Maxi y Roxana- siempre me reciben con una sonrisa (sin importar qué tan choto haya sido el día) y me han tenido siempre un respeto -aún en mis principios, cuando no valía dos pesos en la escuela- que no sentí antes en mis años de radio.

Mil veces dudé de mi verdadera habilidad para transmitir el conocimiento.
Hubieron dudas y replanteos constantes. Mi excesiva sinceridad y confianza con los alumnos -a los cuales no miro desde lo alto de un pedestal, sino que son iguales a mí (están nadando en las mismas aguas en las que yo me formé, y algunos saldrán hasta mejores que yo)- podría ser un arma de doble filo en muchos casos.
Y decenas de veces estuve al borde de dejar la docencia, cuando las cosas se pusieron jodidas (personal o laboralmente).
Pero siempre, algo adentro mío me dijo que yo también -no solo mis alumnos- tengo cosas que aprender todavía de la DV, por lo cual cada obstáculo tuvo que ser sorteado, asimilado y si se pudo capitalizar en conocimiento -para bien o para mal-, mejor.

Y acá estoy, contándoles un fragmento de mi historia, 10 años después de ese primer día en que anoté en un cuaderno nombres que fueron más que docentes.
Esas personas que cambiaron la historia del operador técnico de radio que trabajaba de lunes a sábados -8 horas por día- por un sueldo que apenas cubría lo que salía la cursada (y algún que otro ticket canasta para pagar menos cash).

Ojalá, cuando leas ésto, puedas entender entre líneas que -si se lo permitís- la DaVinci te puede cambiar la vida; solo tenés que estar dispuesto a superar tus propios límites y nunca (no importa el rol que cumplas) dejar de aprender.

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