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06.02.1997

06.02.1997

Era verano del año 1997.
El calendario marcaba un jueves (06 de Febrero), cuando por primera vez -a las 23hs- mi voz se difundió en una emisora local de Villa Urquiza, frente a la plaza de Parque Chas.

Como siempre ha sido desde la adolescencia (y sigue siendo hasta ahora), mis dos mejores amigos de secundaria -Martín y Pablo-, fueron los secuaces de ese ciclo radial que -a falta de nombre al día de la firma del contrato de alquiler del espacio y tras una madrugada jugando a un básico jueguito de PC-, se hizo llamar Scorch.

El programa era exageradamente distópico. Voces aniñadas (la mía, habrán notado los que alguna vez cursaron conmigo, a la velocidad de un egresado de la Academia de Locutores de Enrique Pinti), nos pisábamos al hablar, hacíamos mucho comentario interno y chistes que sólo entendíamos nosotros... No sabíamos nada de radio.
Para coronar el show, nuestras personalidades e intereses radiofónicos eran incompatibles: Yo era un prototipo de radios comerciales (La Hit, la 100, Cadena TOP 40, etc), Martín (llamado inicialmente Amadeus y luego Ariel, también) amante de la música dark desde los inicios de la secundaria y Pablo se encargaba -principalmente- de las informaciones deportivas porque ese era su fuerte.
Todo, bajo la operación técnica de Marcelo DC (hijo del dueño de la radio) que le chupaba 17 huevos nuestro programa, nos metía la música de fondo tapando las voces y a veces ni siquiera le abría el micrófono al que estaba hablando. Lo que se dice un excelente operador, NO.

Scorch nació y era una extensión del secundario: en 5to año, para educación cívica, nos pidieron hacer un trabajo sobre adiciones que debía emular un programa de radio de investigación.
El nuestro, en el medio de los 30 insufribles minutos que duró ese demo, tenía una pseudo-tanda comercial con avisos exageradamente boludos leídos del diario (videntes, productos para adelgazar y el famoso "el PH del hombre y la mujer son diferentes, pero los dos chivan igual" que 4 años después Pablo se animó a hacer en vivo en otro programa que nos reunió a los tres).

Cuando terminamos de grabar el informe, y ya más cancheros en esa humorada de la tanda-joda, nos dejamos llevar por una versión más unrated, que terminaba con 3 animaladas al hilo in crescendo:
- Adelgazante Cagarol (claro, doña, con ruido de diarrea de fondo, como un refuerzo semántico auditivo).
- Una parodia del "buen servicio de comunicaciones" ofrecido por Telecom (con una llamada de fondo donde dos personas se cagaban a puteadas).
- Y el remate de "Condones el sogazo, evitan el embarazo", seguido por Pablo preguntando "pero donde se pone ésto?" y rematado por Tanga Langa (qepd) diciendo clara e imperativamente "metételo en el orto, pelotudo"

Sucede que Educación Cívica era en la última hora de clases y a lo largo de los recreos previos, medio EMEM N4 (A.K.A. Nicolás Avellaneda) escuchó las tandas, incluyendo Preceptores y alumnos de comisiones que ni junábamos... Cuando llega el momento de la clase, cae la profesora con un grabador a pilas ultra choto y empieza a poner los casettes de cada grupo.
En el mientras tanto, todos los alumnos pelotudeando en la suya y la profesora invirtiendo poco y nada de atención a las grabaciones, que desfilaron sin pena ni gloria.

Como si fuese un chiste de Jaimito, nosotros fuimos los últimos.
Play al casette y queda de fondo esa densa media hora de relatos e investigación.
Cuando estaba por terminar la parte que correspondía al trabajo práctico, le explicamos que después venia una serie de chistes de lenguaje adulto, más por diversión nuestra que para el TP, por lo cual podía presionar el stop.
Casi como queriendo ser empática con nosotros, decide dejarlo seguir.
Y empiezan a salir uno a uno los avisos.
Este es el momento en que debo aclarar que "grabador ultra choto" significa que el audio se bajaba y subía solo y de a ratos directamente no se escuchaba una verga.
Yeap, técnicamente, de cada chiste solo se escucharon las puteadas.

La imagen no se me va a borrar nunca del cerebro, cuando sale el remate de Tanga Langa, un pibe tirado en el piso descostillándose de la risa, alguna mirada de asombro de quienes aún no habían tenido contacto con la grabación y una violentísima profesora diciéndonos que era una falta de respeto lo que habíamos hecho (y si, lo era), que nos tenía que hacer expulsar del colegio y que arderiamos en el infierno por toda la eternidad.
Lógicamente, nos llevamos la materia a diciembre... Pero lo que Delia Montero jamás habría de imaginarse es que ese día, gracias a ella, nació un hobby que me hizo deambular en el transcurso de 10 increíbles años a lo largo del amplio espectro de la radiofonía local.

Scorch solo duró 6 programas, para luego seguir una etapa solista en la misma emisora con un ciclo que se llamó 'El Escorpión', al que luego se sumó una ex compañera del secundario... y bueno, todo explotó cuando el Operador Técnico se la quiso levantar (y lo logró) y dejó de darle pelota al programa y todo era un caos y Maggie lloró... lo bueno de eso es que me ví forzado a aprender operación técnica de radio y soy de la casta de conductores que pueden manejar los controles sin depender de un tercero.
Escucho las grabaciones y hasta parece increíble que eso se convirtió en mi trabajo durante varios años, jugando con varios alter-egos detrás del micrófono.

Dos décadas después de esas noches en FM La Onda (88.9Mhz), y actualmente disfrazado de profesor, todavía tengo la chance de ganarme la vida por medio de mis palabras, metiendo de contrabando en las clases algo de ese espíritu radiofónico que espera -latente en lo profundo de mi alma- que algún día me decida a volver al éter, con más momentos incomodamente divertidos.

Hasta que eso suceda, y recordando que la vida es más cíclica de lo que parece, les dejo un fragmento de un programa emitido en una radio AM que estaba a una cuadra de la DaVinci, a fines del 2004 -un año y medio antes de iniciar mi camino como desarrollador web en el instituto donde hoy doy clases-, que fuera la ante-última emisora que pisé antes de freezar (por lo pronto por tiempo indefinido) la pasión por la radio.

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